Cuento largo.
Una de mañana allá por el siglo V, al horizonte de la pequeña aldea de Cherdrick, se divisa a los lejos un ejército de al menos 500 hombres armados que se aproximaban a un paso constante; ellos fueron los que más tarde masacrarían y a los habitantes de la pequeña aldea de campesinos. Algunos fueron llevados a las oficinas de interrogatorio del santo pontífice, acusados de hechicería y paganismo fueron torturados mutilando sus dedos, arrancándoles las uñas una por una, aplastándoles los órganos sexuales, otros fueron desnudados y expuestos a un número de personas azotándolos con tal fuerza que les desprendieron la carne uno tras otro azote.
A muy pocos se les tuvo compasión y pocos sobrevinieron, entre esa minoría se hallaba uno en particular, un infante de apenas seis años de edad de cabello castaño oscuro, una piel blanca, ojos verdes; su nombre era Arquemius, mas tarde sería rebautizado como Aleksander por el señor feudal al que fue enviado como esclavo.
Este chico trabajaba como ayudante de los campesinos, sin embargo no tenía una vivienda y dormía en un establo junto a los animales, alimentado solamente de pan, leche y agua. De veces se escabullía a las fogatas que hacían los campesinos del feudo, escuchando las historias de los caballeros que contaban a sus siervos, batallas contra criaturas poderosas, conquistas y reconquistas, maldiciones de hechiceros etc. El niño se aprendía todos y cada uno de los relatos.
En alguna de todas esas veces que fue a sentarse junto a la hoguera, conoció a un caballero arquero de profesión, tenía unos veintiún años de edad aquel hombre, no tardo mucho para que formaran un lazo de amistad muy fuerte, tanto que el arquero de nombre David era para él un padre.
David no sabía ni leer ni escribir, más sin embargo, las batallas y las tierras lejanas a las que ha viajado le habían dado sabiduría y una percepción realista del mundo en aquel tiempo. De tal forma que el hombre le transmitía al pequeño Aleksander su filosofía y su conocimiento, le contaba cómo es que debía ser un hombre justo y bueno.
Tantos relatos y tanto convivir con los guerreros del señor feudal lo llevaron que a los diez años tuviera la aspiración que lo llevaría a convertirse en lo que fue:
- Quiero ser el héroe más grande de todos los tiempos; y así lo haré. –
Conforme el chico alcanzaba la pubertad se dio cuenta de la tiranía de su señor y como trataba a sus siervos; por primera vez en su vida pensaba en una revuelta en contra de su gobernante. Así por varios meses después de su larga jornada laborar, todas las noches trataba de idear un plan para derrocar al feudo, “pero si destruyo el feudo tendré al rey encima de mí. Necesito un ejército”, así pensaba el muchacho horas y horas antes de por fin conciliar el sueño.
Un día, uno de los caballeros le hablo sobre la tierra santa que tenían que “reconquistar”. Le hablo sobre los musulmanes y como hace ya tiempo un profeta de nombre Mahoma y le fascinó como había usado la palabra de islam creando un ejército conformado por una raza entera, miles y miles de musulmanes armados y dispuestos a proteger sus territorios. Mahoma afirmaba que “la fe puede mover montañas” por lo que Aleksander estaba dispuesto a comprobar si era verdad o no.
Una mañana, aprovechando que gran parte del ejército salió camino hacia la próxima guerra santa, Aleksander prendió fuego a unos cuantos cubos de alfalfa seca, el humo atrajo a todos los habitantes dentro de la propiedad de su señor feudal; todos le miraban estupefactos. “Miren pero si es Aleksander” “¿Qué es lo que quiere ahora?” “¿acaso se habrá vuelto loco?” (Pensaban y murmuraban en voz baja).
Así fue como el chiquillo de apenas trece años tomo aire e inició su arenga:
- Hermanos míos, mi intención de reunirlos es para hacerlos reflexionar y abriles los ojos ante la crueldad de la cristiandad y los reyes cristianos; nos dicen que tenemos que morir por dios ¿y que recibimos a cambio? Maltratos y humillaciones por parte de nuestro ejército-
Continuó así por un buen periodo de tiempo, cada oración, cada minuto que pasaba las personas comenzaban a tomar enserio la palabras de aquel niño; así fue, que con tan solo trece años de edad, Aleksander formo su primer ejercito conformado hombres y niños y al mismo tiempo esa fue su primer victoria, su primer paso de muchos que le llevarían a ser en el futuro un hombre inigualable. Tan solo a la edad de diecinueve años ya había derrotado países enteros, explorado tierras que para muchos eran innombrables, quizá fue el primer hombre de su época en mirar a los esclavos y decirles “ustedes también son personas”, respetado las religiones de otros e inclusive había sembrado el terror entre la nobleza de espada, los cristianos y el santo pontífice.
A la edad de veinte años, mientras exploraba un pantano como una posible vía para una de sus tropas, escucho una voz dulce y cálida pero al mismo tiempo muy fuerte como si de una trompeta de tratase.
- Aleksander, Aleksander- le llamaba aquella voz.
El hombre se quedo paralizado unos instantes, nunca antes en su épica vida había presenciado algo tan fantástico.
Apareció ante él una mujer desnuda, una piel blanca como la nieve, una cabellera roja como la sangre que solo le llegaba a pocos centímetros por debajo de sus orejas ,unos ojos color cafés como las avellanas, su estatura rebasaba los dos metros y medio de estatura, un rostro y un cuerpo perfecto y el detalle que más se le puede apreciar es que tenía un par de ojos adicionales con pupilas mas rojas que la sangre misma, una en la mano izquierda y otra en la derecha respectivamente.
- ¿Qué… que es lo que eres tú?- preguntaba Aleksander con una voz titubeante- ¿Acaso… eres… un ángel?, ¿podrá ser’?, ¡Ho! Señor.-
- No temas- le contesto la mujer- yo no soy ningún ángel, ni tampoco soy un demonio. Mi nombre es Asraham, yo soy a lo que tu comúnmente sueles llamar dios-
El hombre con lágrimas en los ojos se arrodilló, y con una voz decidida exclamó:
- ¡En que te puedo servir gran señor!-
- Yo Asraham, la diosa de todo lo que existe y existirá- apoyando una de sus manos sobre su cabeza le dijo - te nombro caballero de mi corte-
Habiendo dicho aquel decreto, desapareció y a lado de Aleksander se encontraba una armadura echa de hierro, cada detalle, inclusive el más mínimo, estaba forjado con tal perfección que ningún mortal ha podido superar.
Desde ese momento los enfrentamientos de aquel digno hombre dejaron de ser simples revueltas contra ejércitos opulentos para convertirse en verdaderas guerras santas, a partir de ese momento se enfrento contra verdaderos hechiceros y brujas, clanes enteros de vampiros, demonios que gobernaban en distintas partes de la tierra, cada rival de un nivel mayor que el anterior.
No solo fueron batallas, Aleksander también llevo a donde quiera que fuera el verdadero significado de lo que era en realidad justo, razonable y bueno.
Sus enfrentamientos en este y otros mundos paralelos le habían dado no solo experiencia, había ganado habilidades de tal forma que se transmutó en una especie de semidiós, podía hacer milagros prácticamente, transformando el agua en fuego, abrir puertas a dimensiones paralelas, curar toda clase de enfermedades, matar a seres de gran poder, inclusive en uno de sus viajes al mundo de los espejos Asraham le otorgo la espada de Los Nueve Lamentos, la única espada con un poder más grande que el que tiene dios, creada para mantener el balance entre el bien y el mal, una espada que tiene el poder de crear y destruir universos y multiversos enteros.
A la edad de treinta años Aleksander se había convertido en el héroe más grande de todos los tiempos, no solo de la tierra o Sacría sino de todos los planetas, todos los universos, todos los multiversos, en cualquiera de sus tiempos; presente, pasado y futuro.
Pero todo eso cambio un día. Aleksander se enamoró y fue esposo de Harslin, un ángel femenino encargada de proteger las puertas del inframundo. Pero en cierta ocasión el hombre se embriago y cometió el error de caer en adulterio con una prostituta, un error que le atormentaría por toda la eternidad.
Este suceso llego a los oídos de Harslin quien al enterarse soltó toda su furia en un castigo que para Aleksander fue peor que la muerte misma:
Le quito sus poderes divinos y no solo eso, le transformó en una mujer, una mujer joven para ser más precisos de aparentemente diecisiete años de edad, no la hizo fea, pero tampoco linda para que no sobresaliese, un metro con sesenta, tés caucásica y cabello negro y lacio; por si no fuera suficiente, le hizo inmortal para que nunca abandone su sufrimiento, al menos, hasta el día del juicio final.
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