(este es fragmento de una historia que estoy relatando, un cuento corto para ser mas exactos)
La omnipresencia del viajero espejo.
Han pasado no más de de trescientos años, aunque para mí el tiempo no avanza, al menos no de una manera convencional, aun después de trescientos años sigo teniendo veinticinco. Es difícil de explicar; pasado, presente o futuro no existen para mí. Es demasiado confuso aun para mí, pero en fin…
Cuando era humano (aunque aun lo sigo siendo en alguna parte de la dimensión temporal) mi nombre fue Érick J. D. Dugsley, yo era un estudiante de Bioquímica en la universidad de Saint Freud al sur de escocía; allá por el año 2015. “Era” es un decir, ya que como dije antes, las barreras temporales no me afectan en nada, de tal forma que así pasen tres mil, diez mil, cuarenta millones años, mis alter egos temporales existen y seguirán existiendo por las eras de las eras, cada uno repitiendo las acciones del alter ego anterior infinitas veces, es un fenómeno al que yo llamo “efecto reflejo del espejo”, que de hecho no es propio de mí, todos los seres vivos, inclusive los no vivos o inanimados, son presos de dicho efecto, con la diferencia de que yo puedo viajar a través del tiempo y del espacio, a través de varias dimensiones, de allí la paradoja más loca y confusa que tengo la mala o la buena suerte de vivir. Puedo viajar al pasado, mi propio pasado, a visitar a uno de mis alter egos PASADOS que, a su vez, se encuentre viajando en el futuro de este o un mundo paralelo, eso me recuerda frecuentemente a una película de mi infancia, que me gustaba mucho, antes de que me perdiera en la realidad cuántica, el tiempo y el espacio de este y varios universos por toda la eternidad.
Pero en fin, prosigamos con mi relato, yo en mi condición de estudiante, a pocos meses de conseguir mi doctorado, conocí a un respetado investigador que trabajaba para distintos laboratorios y corporaciones científicas, la mayoría de sus investigaciones parecían ser “confidenciales”, ya saben cómo es la burocracia. Además de todo, aquel hombre era también un profesor de alto rango dentro del campus. Como siempre me fascinó y siempre me seguirá fascinando la ciencia, no tardé mucho en hacer amistad con ese maestro de nombre Charles Ivanov, físico cuántico, matemático y filósofo teórico; doctor Ivanov.
Era un hombre muy interesante, a menudo me contaba diversas anécdotas de su vida, algunas muy fantasiosas, al menos eso parecía en aquellos momentos, pero con mis habilidades que poseo ahora supe que todas y cada una de sus crónicas fueron reales. En especial una que aun me sigue maravillando, “El caso de Aleksandra” quien alguna vez fue el héroe más grande de todos los tiempos, se presume. O los casos donde confiscaban tecnología extraterrestre, la mayoría de ciertos planetas, que según Ivanov, eran civilizaciones parecidas a la raza humana en cuerpo y alma, solo que cientos de miles de años más avanzadas en casi todos los aspectos, flotas de Hernir, agentes e ingenieros de la gran nación de Sacría, poderosas armas de la temida raza Kor-Kor-Narmú-Tschen, hasta seres que provenían aparentemente de otros planos dimensionales.
Lo mejor de todo, era cuando el doctor Ivanov, junto con otros grandes genios de las ciencias, algunos no eran lo que diríamos seres humanos, discutían y compraban teorías, conceptos y ecuaciones que la gente normal (estúpida) que prefieren holgazanear y perderse en su patética y corta vida, ese tipo de personas que prefieren perderse en un mundo de fantasía, alimentados por poesías, música, pinturas, cine, el mundo de la web y libros sin valor u otras obras efímeras que están condenadas al olvido total; prefieren perderse en un mundo irreal, intangible antes que comprender el mundo real, su mundo real. Lastimosamente, ese tipo de seres repugnantes seguirán existiendo a través de las eras y a través de todos los mundos habidos y por haber. Pero no nos desviemos del tema.
Los avances de los especialistas (aun siendo demasiado primitivos comparados con las ciencias de aquellas razas ya mencionadas que ni siquiera podemos descifrar, debido a que tan solo su forma de comunicación, ya sea oral o escrita, está más allá de nuestra comprensión) son admirables. El doctor Ivanov tenía la facha de ser un amante de lo paranormal en el sentido de la ciencia ficción y la droga cósmica del internet, desperdiciaba todos sus conocimientos matemáticos y filosóficos (aunque la filosofía no la considero conocimiento verdadero) en teorías rebuscadas de conspiraciones alienígenas, monstruos mitológicos y teorías surrealistas que intentaban presentarse como parte de la física. -Era un viejo loco que sumamente inteligente en su área de trabajo- siempre nos decíamos lo mismo, pero a través de mis viajes a través del espacio tiempo, conocí cosas que me dejaron pensar que quizá, Charles Ivanov, no estaba tan loco después de todo. Algunos temas, que tanto nos platicaba a tal grado de fastidiarnos, resultaron ser verídicos, pero con la diferencia de que no eran tan fantásticos como se presumía, a veces la realidad que percibes por más interesante, horrible, fantástica o triste que parezca, resulta ser algo bastante simple y, a su vez, bastante complejo y aburrido, por algo se llama realidad; y las teorías de Ivanov no fueron la excepción. Las historias de invasiones extraterrestres están más allá de simples tipos rudos combatiendo contra naves que están muy atrasadas a comparación de las flotillas intergalácticas REALES; las historias de mundos paralelos y viajes en el tiempo están mucho más allá de científicos locos y adolescentes viviendo experiencias épicas; las teorías de conspiraciones están mucho, pero mucho más allá de corporaciones malignas. Toda la naturaleza de estas verdades son más complejas, algunas de ellas son bastante oscuras y con desenlaces bastante horridos, dignas de una película de terror, sin contar el trabajo científico y los seres que tuvieron que sacrificarse…
… pero estoy divagando, retomemos una vez más mi historia…
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