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domingo, 27 de octubre de 2013

Recuerdos Apreciables

Recuerdos Apreciables 


Sentado en una silla muy rústica, un hombre, al que llamaremos Misael, se encuentra sosteniendo una tacita de té, hecha de una porcelana muy fina, este hombre a pesar de tener una vida demasiado dura y llena de muchos traumas, se ha podido levantarse a sí mismo y obtener el puesto en la gran empresa automotriz en la que ahora trabaja; mojando lentamente los diminutos postres con el té de manzanilla.

El solitario hombre, digo solitario porque sus traumas le impidieron tener el deseo de formar una familia, como cada noche ordena sus pensamientos y sus recuerdos, las malas experiencias, las buenas, las platicas, el trabajo pasado y el que tiene que hacer; es un buen remedio para calmar el estrés. Así mismo, cada noche recuerdos todos los traumas que sufrió en su pasado, junto con sus momentos más oscuros, a diferencia de lo que pensaría cualquier persona, Misael guarda todos esos malos momentos con cariño, ¿Por qué?, tal vez para el eran como obstáculos que pudo superar, o tal vez es un amante del terror psicológico  ¿Quién sabe?

“Misael a la edad de tres años era un niño como cualquier otro, tenía unos padres excepcionales, fue sin duda una vida perfecta durante tres años de su vida. Pero, como siempre, todo cambió un día, el padre de Misael murió a causa de un paro respiratorio causado por un ataque de asma. A partir de allí los ingresos económicos de la familia, contando el costo del funeral,  fue hacia muy abajo en el fondo. La madre de Misael, más por necesidad que por amor, se casó con un hombre que podía aportar un sustento a la familia. El hombre era cariñoso, leal y muy responsable, pero tenía solo un defecto, era pedófilo y tenía preferencia especial por Misael. Había días en que la madre, con la tarjeta de crédito del marido, se iba a despilfarrar dinero en ropa, accesorios y ese tipo de banalidades, en esos domingos, el hombre aprovechaba para tener sus ratos “especiales” con el niño. Misael no era un niño estúpido, desde la primera vez platicó con su madre, la cual tampoco era estúpida, pero lo que le daba el esposo le provocó un ceguera a la realidad y simplemente calló a los sucesos, maltrataba al pobre Misael cada que se atrevía a mencionar si quiera algo del tema.

Pasaron los años, el niño se encontraba en los primeros años del jardín de niños, donde muchas veces fue reprendido por sus arranques erráticos de locura y violencia, en varias ocasiones fue enviado al psicólogo, quien a presencia de este de cerraba en un circulo de autismo, en realidad pasaba con cualquier otro adulto, al parecer, Misael, padeció en ese entonces de personalidad disociativa. Cuando la noticia llegaba a los padres, quien se encargaba de “disciplinarlo” era el padrastro.

Todo eso terminó un día, Misael ya tenía seis años, había visto en una película de terror, un hombre enmascarado asesinar con un cuchillo fríamente a las personas. El niño quiso repetir la acción con sus respectivos padres, a los que odiaba bastante. Esa noche cuando su madre y su padrastro dormían, Misael tomó un cuchillo grande de la cocina, se dirigió con paso sigiloso al cuarto de sus padres, cuando finalmente estaba frente a ellos, se acercó a su padrastro, levantando el cuchillo y clavándolo en el pecho de este, le recorrió por todo el cuerpo una sensación electrizante, matar a una persona al parecer se sentía muy bien, raro pero muy bien; el padre exclamó sus últimos gritos despertando a su madre, la aterrada mujer también clamó gritos, solo que de terror, en un tono más agudo y mas alto, a lo que el niño reaccionó tomando la lámpara de la mesita de noche y estampándola en la sien de su progenitora, los gritos callaron de repente, Misael se acercó al cuerpo inconsciente e inmóvil de su madre, sin nunca soltar el enorme cuchillo, con una lentitud macabra se lo hundió en el abdomen de la mujer.”

Cuando la policía llegó a la escena, a causa de las llamadas de los vecinos, vieron al niño llorando a lado de los cuerpos, el mismo se declaró culpable, pero añadió que no sabía porque lo hizo y no recuerda mucho haberlo hecho, el jurado al conocer el historial psíquico del infante, asumió que tenían que llevarle a un hospital mental, en el cual se mantuvo por solo tres años de su vida.”


Cada que Misael recuerda ese momento de su infancia, la sangre, los gritos, los rostros de horror y esa sensación única que se siente al matar a alguien, en su rostro se le dibuja una sonrisa de euforia. 

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